“Lo más hermoso de los finales no son las conclusiones sino la gratitud. Sonríe”

El delta se parece al de la foto

“Éste será un día arañado al cielo”.

          He comenzado el día acompañada de la extraña sensación de estar cumpliendo los deseos de un tercero, ese/a pensador/a que lleva escribiendo nuestro viaje desde hace 43 días y que ahora redacta nuestras últimas frases. La tormenta se desencadenó a media noche y desde entonces no ha dejado de llover. Los rayos atravesaban todo lo oscuro, hasta llegar a mi alma, fue entonces cuando el ser que nos escribe empezó a poner en mi boca sentencias que no pronuncio.

          Por eso no abro la boca, para qué. Con ella apretada he envuelto el petate en la capa de agua; en él tan sólo guardo mi cuaderno de bitácora, las botas, el saco y el billete de autobús, el resto lo llevo puesto, incluso la bolsa de frutos secos y la botella que escondo en mi cintura. Voy con las sandalias abiertas, las piernas al aire y el resto del cuerpo bajo el chubasquero.

          La certeza de que hoy veré el mar hace que todo parezca posible, la temperatura magnífica y la lluvia caliente. Las bombillas de las farolas que se levantan junto al canal son verdes y tintan el amanecer de un reflejo insólito.

          Me asomo al puente colgante de Penjat bajo esta manta de agua y miro al Ebro desde uno de sus arcos de triunfo de piedra. ¿Será el que elijan los de Greenpeace? ¿Sacarán a delante su acción en una mañana tan difícil?. El agua cae implacable. El pensador me anima:

          “No es nada, sólo lluvia de verano, vas preparada”.

          La bomba de agua alimenta una acequia a pesar de la tormenta. Tras la zona industrial, el verde limpio del arroz me enseña cómo se hace un sitio entre los cultivos. Su firme es tan blando que opto por ver el río por los agujeritos abiertos entre los cañizales, a mi izquierda. Recuerdo el primer día de este viaje, entonces el Ebro era una “gasa de agua”, ahora llueve. Me impresiona la certeza de saber que el río es redondo, que el verdadero origen está en el cielo, en un punto indefinido entre las nubes. Entonces me empeñé en buscarlo en la tierra mientras él se empeñaba en bautizarme y ahora, que pretendo despedirme, insiste en que no es posible. Existe un quinto punto cardinal, aquel situado arriba. El barro que se cuela entre mis dedos y embadurna mis pantorrillas. Si ahora me preguntaran diría que nado.

Avanzo por un tiempo que no es mío

          Mi cabeza va del río al cielo y de allí a los alféizares de las casas del camino en las que leo “la Esquerra de Gabriel”, “La Esquerra de Jaime y Maite”… Me interesa saber dónde podría guarecerme en caso de que la tormenta quisiera repetir los juegos eléctricos de anoche. Aunque no alcanza esos niveles, tomo aliento bajo el rellano del restaurante La Barraca, a 8 kilómetros de San Jaime, que a estas horas aún permanece cerrado. Las gotas han engordado tanto que caen como piedras. Me centro en ellas, en cómo taladran el verde. Cambio el ritmo de los pulmones, me hago consciente de la inspiración y la expiración, abro las aletas de mi nariz y pongo las pituitarias en marcha como si más que respirar tratara de oler el aire. Cuando el claro de nubes amaine la lluvia, mi sonrisa será tan redonda como mi cara.

          Avanzo por el paisaje mecida por un tiempo que no es mío, como si un sólo pulmón inmenso nos respirase al paisaje, al Ebro y a mí… En este estado extraño me interno en una carreterita que lleva a un edificio que luce el adjetivo de “experimental” sin más explicaciones y sigo andando. Recuerdo de golpe la experiencia de Bárbara McClintock, premio Nobel de biología por sus descubrimientos sobre los códigos genéticos del maíz. Estableció tal vínculo con las plantas con las que trabajaba que llegó a identificarse con ellas. (“Cuanto más trabajaba con esas plantas, mas importancia adquirían, hasta el punto de que no me sentía ajena a ellas, como si formara parte del sistema y pudiera ver el interior de sus cromosomas, como si las plantas de maíz, en suma, se hubieran convertido en mis amigas.. Cuando uno ve este tipo de cosas se olvida de sí mismo y termina fundiéndose con ellas… Creo que lo fundamental es que uno se olvida de sí mismo”).

          No veo la “Illa de Sapinya” hasta que no leo el cartel instalado junto a la acequia que señala hacia el medio del río y eso que la isla es grande; tiene la suficiente entidad como para que se la considere de interés natural, por eso intento acceder a ella, pero me niegan el acceso; necesito una acreditación especial. A los pies de la “Illa de Gracia” (ésta se dedica al cultivo) me doy cuenta que el río hace tiempo que se dividió en dos y que llevo caminando desde hace horas por el brazo más flaco. Voy descubriendo el entorno en la medida en que observo. Para los aborígenes australianos el mundo es un sueño y los seres que viven en él no despiertan hasta que el hombre, nómada, les canta. En busca de todo aquello que necesita para vivir, el ser humano camina cantando la historia de su trayecto, formando trayectos virtuales, carreteras de cánticos, los trazos de la canción.

“Ebre, t’estimo ¿i tu?”

          Más adelante encuentro una finca con el sugerente nombre “Casa del día y medio” y mi imaginación vuelve a Alicia en el País de las Maravillas… En la estrecha tapia de una finca vecina al río empapa una declaración de amor: “Ebre, t’estimo ¿i tu?”. Me sonrojo, creo que me sonrojo. Es posible amar a un río, es posible una declaración de amor. Me invade el pudor, a pesar de todo, La pequeña pancarta, escrita a mano, se encabeza con un enorme corazón. Detrás del cercado, tres sillitas vacías recuerdan que alguna vez acogieron una tertulia; unas enormes alpargatas guardadas en un rincón, que el dueño es de los que dicen “te amo” y además cuidan. Continúo hacia Balada, cada vez más convencida de que transito por los últimos párrafos de una larga narración.

          Balada es una especie de barriada creada por los agricultores, cuya avenida principal desemboca en el embarcadero de Sant Jaume. Los letreros contra el trasvase se multiplican por los balcones, la mayoría son un simple símbolo: una cañería hecha un nudo. Al final de la avenida me espera un trasbordador verde, en cuyos laterales anuncia una marca de arroces. Me asomo a la barandilla y me salpica el agua, que no sé si es del Ebro o del mar, dulce y salado conviven desde hace kilómetros en detrimento de la tierra y la vida que la habita. Por otra parte, la conciencia de que a lo largo de su historia el Ebro ha cambiado la forma de su desembocadura varias veces me permite sentir que la tierra por la que piso alguna vez fue madre del Ebro, por tanto, ya no hay un dentro y un fuera.

           En la otra orilla me esperan los chalets de Deltebre. Los antiguos arroceros han transformado sus fincas en ampulosas residencias y los vecinos compiten entre sí por las apariencias. Las calles mueren en cañizares, esta vez a mi derecha; detrás de ellos se esconde el Ebro. Cerca del segundo trasbordador veo restos de un llaut, cuya madera se sostiene a duras penas, carcomida por la humedad y los insectos. Los habitantes de la zona subían arroz con él, desde la isla de Buda hasta Amposta. Entonces la embarcación Este enorme bote es rojo y también anuncia la misma marca de arroz. Deduzco que debe unir el centro de Deltebre, donde me encuentro, con las afueras de Sant Jaume.

Agua sobre mi cabeza y bajo mis pies

          El tercer y último barco-puente se hace un sitio en una de las calvas el río. Su nombre, “la cava”, apenas se lee en un costado. Si bien su lugar de emplazamiento es bello, se mantiene en pie con poco convencimiento. Las nubes siguen tiñendo el día con una luz uniforme y extraña que tamiza el movimiento del sol y eso me relaja, me ayudan a sentir que no hay minutos que sumar, ni horas. Los únicos números que me permito son los de los puestos para pescar angulas: Bussó 22, Bussó 23… Recuerdo a Ramón, que me adelantó el Mediterráneo con su búsqueda de cebos.

          El roce del pantalón mojado me hiere los muslos pero no tengo ropa de recambio. Descanso bajo un tejadillo y allí intento dar congruencia a mi mapa, que como siempre es el último en enterarse de los acontecimientos. Le hago entender que con el tiempo Deltebre ha sumado casas y ahora mide entre 4 y 5 kims de largo. Quizás los nombres que en él figuran también hayan pasado a otra vida. De todos modos, los memorizo como un último acto de fe, pues pienso guardar definitivamente la carta en el petate: el mirador de las Mares de Deu, el Muntell les Verges, el faro, la isla de Sant Antoni, la playa de el Garxal, y el mar. Por los cuadraditos me hago cargo que para llegar a él aún me quedan 11 kilómetros; los primeros 9 me llevarán a Riumar y los últimos a la desembocadura. Me fijo en la Isla de Buda, lleva el nombre de mi amigo. La isla pertenece a unos señores de Barcelona y se dedica al cultivo del arroz. Tenían su propio trasbordador, que dejó de funcionar después de que los hijos heredaran la tierra y se la repartieran.

          El Ebro camina en suaves curvas atorado en sus propios sedimentos. Su color se empasta en un verde intenso, lleno de algas y otros organismos. Imagino sus aguas como un enorme estercolero hasta arriba de fosfatos, nitratos, amonio, sal… donde la vida se ahoga. En realidad el río es una sutil capa que atraviesa ese enorme filtro, el hilo que pinta el sol cuando atraviesa el cielo y cae donde ahora veo, como al principio, al otro lado de la ventanilla del coche…Entonces Rafa conducía y yo me sentía coleccionista de noes.

El Ebro que sale en la foto

          Al salir de Deltebre el río se muestra más ancho y me recuerda al primer embalse. Miro hacia atrás y hacia delante, por si distinguiera al Zorba, pero no hay señal del velero de Greenpeace por ninguna parte. La única embarcación que encuentro es “la golondrina” Santa Susana, que ofrece sus servicios por megafonía sin que logre sumar el suficiente número de turistas como para lanzarse al beso de las dos aguas. Golondrinas…hace unas semanas dormí bajo sus alas y amanecí cubierta de ronchones.

          Me han comentado que hace años que el arroz no da de comer a los habitantes del delta sino su imagen. Dicen que el arrozal cumple más unas funciones estéticas que agrícolas, que su verde es el color más subvencionado de España, que el Delta necesita parecerse al de la foto para poder seguir captando inversiones… El Delta vive de su propio pedigrí: Desde agosto de 1983 es Parque Natural del Delta del Ebro, con lo que se pretende que los parajes y la fauna de este territorio sean para siempre un lugar excepcional. La comunidad internacional ha reconocido la importancia de este paraje y le ha dado otro título, el de “zona de importancia europea”. Para la CEE es una “zona de especial protección para los pájaros”. Esta suma de credenciales me recuerdo a la retahíla de los títulos nobiliarios, que casi nunca van solos.

          Me doy cuenta que si he transitado hacia la desembocadura en solitario ha sido gracias al mal tiempo, porque a medida que se va abriendo el cielo, el delta se va pareciendo cada vez más a un parque temático. Cuando llego a Riumar el sol ha logrado vencer a las nubes y los veraneantes aparecen como setas.

          Riumar acumula cadáveres empresariales, negocios que no fructificaron, como el tren de madera (con vagones incluidos) que se desangra junto al arrozal; o el barco “Cruceros delta del’Ebre”, también de madera y remates de metal, blanco y azul, que se deja minar por el orín. Los tenderetes de baratijas y recuerdos de la zona y los puestos para la pesca de angula son los únicos que no parecen afectados por el paso del tiempo. Ahora, antes de entrar en el Garxal, los Bussós superan los 330.

Desemboco donde empieza el camino del Ebro

          Busco la orilla con la precisión del cirujano y con la tranquilidad de que Belinda, la chica de la caseta de información y turismo, me devolverá a Amposta a tiempo para coger el bus que me devolverá a Madrid. Aún no he visto el mar, pero sé que golpea las orillas de Buda, frente a lo que será un futuro puerto deportivo.

          En un rincón de la desembocadura vuelvo a encontrarme con la voluntad del pensador, que pone ante mí una leyenda, la que explica “el camí de Sant Jaume de L’Ebre” y me hace ver que he remontado el Camino de Santiago hasta uno de sus orígenes. A este preciso lugar llegaban los peregrinos que procedían de los países ribereños del Mediterráneo o de cualquier lugar de las costas levantinas de la península (a través de la antigua Via Augusta), dispuestos a alcanzar Santiago de Compostela. Las zarzas y cañas se comen el paseo que hace años concitó el interés turístico y el fervor.

          Cuatro esculturas aún se mantienen en pie. Son cuatro vírgenes; la primera permanece decapitada sobre cuatro pedestales cuadrados, se cubre con mantón y lleva el rostro de dos ángeles en su pecho; la segunda, también decapitada, acuna a un niño en el regazo mientras que con la otra mano señala el cielo con la punta de los dedos; la tercera luce una corona y también lleva un niño en el regazo; la cuarta, cubierta con un velo, abre sus brazos dispuesta a acogerme en su pecho.

          El pensador me pone la puntilla con un último cartel, que reza: “éste es el final de un largo recorrido”. Me estremezco. Quizás Rimbaud tenga razón y cuando decimos “pienso” en realidad es “me piensan”. Temo encontrarme con mi propio enunciado, uno que empiece por “Tú…” y me devuelva a mí. Cuando regreso al asfalto, parece que me hubiera colado en otro día. El sol ya calienta y entre los bares y restaurantes se multiplican los alemanes, pescando, en bici, conduciendo, tomando helados… Tanto ajetreo me despista y vuelvo a los cañizares, dispuesta a encontrar el último beso del agua. Mi intención es alcanzar el faro porque estas edificaciones se suelen levantar en lugares estratégicos. Sorteo destartaladas casetas, con barcuchas a la altura de las circunstancias y basura acumulada en su jardín… que demuestran el afán del ser humano por poseer esos balcones de tierra donde la inmensidad de las vistas le permita sentirse el dueño del mundo.

El último paso es hembra

          Estoy convencida que el estrecho sendero que recorre “El Garxal” me llevará al rincón adecuado, donde la intimidad esté garantizada, donde pueda despedirme del Ebro a solas. Apuesto por él porque no es por aquí por donde se lanza el Ebro al mar, a partir de la riada de octubre de 1937 el Ebro cambió su desembocadura y convirtió esta zona en un conjunto de pequeños islotes y lagunas. Camino por el trazado que los andariegos más ambiciosos han abierto entre el cañizal. Por fin, el único sonido es el de los graznidos de patos y otras aves. No veo el Mediterráneo, aunque lo adivino por el olor.

          El cielo vuelve a amenazar con lluvia. Sé que llega el final. Agradezco a los pies, piernas, cuerpo, por no haberme abandonado. A la cabeza por haberme sabido aconsejar. Al corazón por el coraje. Han hecho un buen trabajo en equipo. Me doy cuenta que estoy acelerando las despedidas, como si el encuentro con el beso me expulsara definitivamente de este viaje. Agradezco a todos los que han hecho posible que llegara al final. A todos los ángeles de carne y hueso; incluso aquellos que, sin haber hecho nada, me han inspirado. Gracias a Rafa y a mis amigos. Gracias a los amores que no existen pero cuyas cuitas me han aligerado kilómetros más tediosos. Gracias a la imaginación de los futuros lectores en los que siempre estuve pensando, al/a pensador/a que ha redactado el camino; a quienes han llenado las hojas de mi cuaderno con sus palabras sabias, a las personas que cultivaron los frutos que saciaron mi hambre…

          Gracias al Ebro por enseñarme tanto.

          Llueve. Y los tres, cielo, río y yo, nos hacemos agua. Son las 14,00 h.

          Los ríos desembocan en el cielo.

          Me tumbo sobre un tronco y observo a lo lejos, el profundo beso.

      Visto desde este lugar el Ebro desaparece al otro extremo de una enorme vagina hecha de tierra, y yo, sentada desde el útero, le contemplo.

……

Nota de la autora:

ESTE RELATO COBRARÍA NUEVA VIDA DIEZ AÑOS DESPUÉS. INESPERADAMENTE LA MUJER Y EL RIO VOLVIERON A ENCONTRARSE… ESTA VEZ ELLA ENTRÓ POR EL MAR.

PUEDES SEGUIR LA NUEVA ETAPA DE ESTA AVENTURA EN :http://dondeelsolnoslleve.wordpress.com/

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